miércoles, 4 de abril de 2012

Extraños en un tren - décimoprimera entrega y final de la historia.(capítulo 11) - cuento (el reencuentro)







Si usted llegó hasta aquí sepa que existen 8 entregas anteriores que van desde la nº 1 hasta la 8º donde termina el cuento, luego siguen los capítulos -1, -2 y -3 y los capítulos 9, 10 y 11 (esta entrega) donde termina definitivamente la historia, este cuento se lee en la secuencia que se fue editando.

La puerta guillotina se abrió suavemente y la maldije, maldije a tanta modernidad, pasé a ese pequeño hall donde estaba el baño y unas bachas de acero inoxidable para lavarse las manos, las puse bajo la canilla y enseguida un chorro de agua fresca se dejó caer, me lavé la cara y mirándome al espejo me sequé con unas pequeñas toallitas de papel (ya debía afeitarme nuevamente), saqué un PM y lo encendí con un fósforo de madera según el ritual de siempre, no había ya mas temor ni ansias ni nada, supuse que cada vez que debía afeitarme era un día más que pasaba arriba del tren, aspiré hondo, dejé ir el humo por mis fosas nasales, vi la cortina nublada expandirse y buscar un hueco por donde escapar, todo se alejaba de mi y sin embargo estaba todo tan cerca de mi, al alcance de mis pensamientos, pensé en el "teseracto" y sonreí, estaba todo tan claro ahora, el tiempo, el pensamiento: conciencia... y miré mi espacio "un pedacito de vida" tan... "finito" que cabía todo, debería dibujar un teseracto o el alma que mas deseaba en mi mente, todo empezó allí en un cuadrado de colores que luego se hizo un círculo tan femenino y ya nada importaba, ni las redes tan distantes y tan a mano, solo en otra dimensión, ¿qué es ser un yo sin el otro o mejor dicho la otra y sin su espacio/tiempo: historia?... no era nada sin ella y me sobraban todos los sueños y todos los caminos y todas las estaciones... Afuera estaban los empleados de mantenimiento con linternas, iluminaban los bogues del tren, escuchaba sus voces diciendo que estaba todo bien y algunos se animaban un poco mas y daban detalles de los frenos y la presión de los compresores... ¡Si yo dejara de pensarlos! ¿qué sería de tanta y tanta gente?... Me asomé y les dije _ tranquilos, solo es el freno de emergencia. Todos me miraron, hasta alguno me iluminó con su linterna de diodos y un "está bien jefe" se oyó decir por allí, era de noche aún y el azul era impresionante, era el azul mas azul que pudiera existir, tan oscuro y tan brillante a la vez y una luna partida como un paréntesis me dejaba el interrogante del ¿qué será lo que sigue? entonces me senté en el primer escalón del vagón a mirar la oscuridad y a fumar tranquilamente esperando el amanecer...a mi espalda la vieja fábrica de fideos "Letizia" y muy por encima "las fogatas" ardían tan y tan distantes...
_ Ricardo Schmittendorf a su servicio.
El hombre de traje gris apareció así casi de la nada por detrás, aún seguía tan trajeado como siempre.
_ ¿Recuerdas cuando jugábamos al metegol en la casa de la tía Tosca?
_ Uff el metegol de madera, eso fue en el otro siglo.
_ Hiciste carrera primo.
_ Hicimos...hicimos, vos no te podés quejar.
_ No me quejo, solo me acobardo.
_ ¿A qué le tienes miedo?
_ A no ser mas nada, a no ser nadie.
_ Tienes a tu esposa e hijos, además seguramente para muchos serás muy difícil de olvidar.
_ Raro que un alemán utilice la ironía... 
_ Yo soy mas argentino que el choripan.
_ Te casaste tengo entendido.
_ Si, si, tengo dos hijas ya grandes.
_ ¿Y qué haces por aquí?
_ Concordamos primo...concordamos.

He vuelto a morir
una de tantas veces,
el cuerpo vacío, sentir
ya no es mío, nada crece.

Nadie lo entiende,
¿acaso tú lo entiendes?
Sin llanto ni flores,
las flores así se mueren.

Yo quise ser cerca de ti,
antes, mucho antes de esto,
yo te vi, dibujando, escribiendo,
si, alguna vez pasé y te vi.
(estábamos vivos)

¿Cómo olvidar tú cabello?
Tú aroma a jazmín;
tú eras aire, agua, vino y fuego,
tú eras mirada, beso y viento,
(tu eras arte: voz y silencio)

Tú eras así, eres así, sigues allí y yo aquí
sin nada, sin todo, desnudo de mi y de ti,
arrepentido, desaparecido. Decir,
¿decir?, olvido decir que te perdí…

Olvido el olvido
y olvido el recuerdo,
olvido que estuve vivo
y olvido que tantas veces he muerto.

Casi como un tren
que pasa siempre a destiempo
solo me ves 
cuando de_venir me estoy yendo.

Amanecía al ritmo de cada cigarrillo consumido, aún se escuchaba la música de la fiesta que continuaba ya sin mi y sin máscaras, ahora cada uno era quien debía ser al resguardo de sus propios pensamientos, yo me estaba bajando de semejante proyecto, sabía que existían tantas "posibilidades"... me dije a mi mismo "así es el caos" y supe que dejaba a un gran amor escapar por esas rendijas del espacio/tiempo... ya era el de antes, el de siempre, el que debió ocupar estos rulos, estos ojos, este aroma... di la última pitada y arrojé el cigarrillo de un "tincle" bien lejos. Me incorporé y bajé el último escalón del tren, Ricardo Schmittendorf poco a poco se fue desvaneciendo... Junio de 1970, mediodía, "el sol entraba tibio para esta fecha del alma"... allí estaba mi "avianca" recostada sobre la tierra de la canchita de futbol de atrás de minetti, arrojé el "clifton" sin filtro de un "tincle" lo mas lejos que pude, levanté mi bici, le sacudí la tierra del nuevo manubrio palomita y la monté pedaleando al toque... salí al camino de piedritas de granito, por detrás del ombú donde solíamos hacer plataformas para pasar el rato, sobre el garage de las zorras que utilizaban los del mantenimiento ferroviario, pasé por la canchita de Di Ricco y salí a la avenida Alberdi, doblé en Bordavere (la continuación de Salta) en la vieja estación tan repetida del cruce Alberdi y salí derecho a la canchita de Morning Star, pasé el puente Lima y un linyera que allí vivía, debajo del puente, me saludó sosteniendo en su mano derecha dos billetes de 10 pesos... ja (me dije) "consiguió dos marrones, se va a chupar de lo lindo". Seguí pedaleando, pasé San Lorenzo, Santa Fe y seguí pensando en nada, al llegar a San Luis pisé el "verdín" del agua servida y derrapé y me caí, me hice un buen raspón en la rodilla derecha, una quemadura, me ardía y yo me apretaba para no sufrir pero realmente sufría por el raspón en el manubrio nuevo... ella paró su bici de color dorado oro con rueditas, me miró y me dijo: 
_ te hiciste mal...
_ No es nada.
_ ¿querés tomar un tecito conmigo?
Miré y en la puerta de su casa había una mesita chiquita con dos sillas y un jueguito de te para dos.
_ Si, quiero tomar un tecito contigo. (y el raspón ya no quemaba)
Del bolsillo derecho de mi jean celeste gastado saqué una flor de papel algo arrugada, la alisé un poco con dos dedos y se la regalé; ella sonrió y se la guardó en el bolsillo del jardinero.

Una bocina estridente sonó lejana y yo pensé en quien sería el afortunado que tocara la campana en la estación Rosario Norte. El tren partía sin rumbo y sin mi, con la historia de otro.

Con sus siete años ella era preciosa, busqué su infancia durante tanto y tanto y tanto tiempo hasta que la encontré a sus siete y a mis doce...

Después de muchos fracasos viví el resto de mi vida con ella, es verdad no hay mejor regalo que un pedazo de tiempo.

Fin

"dedicado a mi mujer y madre de mi último hijo"

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