domingo, 23 de abril de 2017

Cicatrices

Nadie ni nada se te parece
ni siquiera aquella esquina desnuda,
ni la mesa, ni el cuadro,
ni la percha, ni el cenicero.
Ningún transeúnte
aunque corra al tranvía bajo la lluvia.
Miles de poetas, ruidos,
todos los colores, 
un paraguas, un panqueque
y la lámpara amarillenta de sueños
quema y duele.
Nadie ni nada se te parece,
solo queda muy poco de ti,
como una sombra que ya no es
y se espanta.
El aroma lleno de ausencia,
mastico aún como tabaco ruin
la agria soledad
de viejas palabras recitadas,
versos pendientes de las orejas
hasta desvanecerse
en el aún te quiero
lleno de cicatrices.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Cuando tu vuelvas


Cuando tú vuelvas
encontrarás la casa en su último orden,
todos los que no se encuentran
seguirán allí,
inencontrados
cada uno con sus zapatos marrones,
sus lenguas y sus manos diestras y siniestras
con la misma melodía y sus mismas siempre máscaras,
estarán allí,
acomodándose a la silla con los ojos hinchados
mirando simplemente por una ventanilla
una naturaleza deformadamente amable.
Tu vuelves y todo vuelve,
contigo retorna en el beso la oxitocina segregada,
esa otra tan pequeña pantalla que engaña y hace querer al otro,
hasta a ti misma.
Estas historias nuevas,
nuestras,
perdidas antes de nacer,
condenadas,
condenadamente repetidas…
¿Cuando fue que perdimos por última vez el tiempo?,
¿soñamos?,
¿Cuánto hace que no dormimos juntos en camas separadas por la distancia?,
¿cuánto que cabalgamos errores
por el solo hecho de no decirnos una sola palabra?
Si, tú vuelves,
siempre vuelves a la cama de los recuerdos y sábanas puestas,
diligentemente puestas,
sin más preguntas ni secretos ni odios ni contradicciones,
¿Por qué deberíamos odiarnos?,
¿acaso alguna vez nos amamos tanto como para merecerlo?
No,
no merecimos ni irnos ni volver ni decirnos,
solo fuimos unos y otros un camino,
el mismo,
tierra siena y ojos de colores,
cabellos suaves y tiernos y fotos,
dulces e imaginarias fotos
y distintos besos, besos, besos....
y tu vestido de renglones,
subiéndote la falda para que tus piernas sean libres y corran
y descubran tu alma aventurera,
tus maravillosas ilusiones,
tu espacio, tu aire, tu silencio…
los ladrillos de tu vida,
atracción de tu belleza que resuena en el otro,
tu imagen inversa en mis pupilas contaminadas,
expresión enferma de ambos,
olvidada por ambos,
oxidadamente muerta e innecesariamente rutina.
Ahora tu regresas,
cuando tu vuelvas
y yo me olvide de todo esto
y a curarme 
ya me haya ido.


lunes, 28 de marzo de 2016

Rubores de la infancia

Te he visto
y me recuerdas a…
Tengo una pequeña historia
entrecortada,
como olas que golpean,
sacuden
una tras otra
y sin embargo
el mar sigue estando solo.
Somos mar
y añoramos,
queremos tener una playa,
un lugar donde dejar de soñar,
escribir pasos
y besos
y caricias,
sentirnos cómodos,
y dejar huellas,
huellas de amaneceres
u ocasos,
traslúcidos, naranjas o pálidos,
¿Cuál es la diferencia cuando se quiere?
Sensaciones que emanan
desde el agua o desde la tierra,
rumores lejanos,
como el tren que se acerca,
y pasa,.
Rubores aquellos
del banco de una plaza
donde el amor era sincero
y en un copo de algodón había magia,
libertador y callao:
si, había magia,
nos sobraba tanto tiempo:
enamoramiento,
el mundo era una rueda gigantesca
como la vuelta al mundo
y el miedo,
el miedo era solo una sonrisa
abierta a los fantasmas.
Volver…
o marcharme tal vez,
allá lejos
donde terminan los rieles
donde terminan los miedos,
las penas, la soledad
y empiezan tus ojos,
tu mirada,
una ventana al mar,
al amor.
Te he visto
y me recuerdas a…
la playa, la plaza,
panoramas
donde descansan
los rubores de la infancia.