martes, 31 de julio de 2012

"Los últimos seis" - cuento - capítulo 5: "Signos, gritos y silencios"





El enfermero lo intuía, muy acostumbrado a lo suyo giró e hizo una recorrida con su vista por la sala hasta cruzar con la del otro enfermero que estaba limpiando a Miguel en la 201 4 para asegurarse que estuviera todo correcto y estaba todo correcto, los seis aún estaban allí sufriendo. Miguel usaba pañales geriátricos lo cual yo consideraba degradante pero necesario, él no podía atender sus necesidades básicas. Cuando el enfermero quiso acomodarlo nuevamente Miguel gritó, sus piernas flacas eran casi piel y huesos, el cartelito naranja lo indicaba, solo lo tocaban los enfermeros con guantes. El 201 5 se quejó abiertamente: _ ehhh dejá de gritar no ves que no podemos dormir!. Y Miguel se puso a llorar y a balbucear palabras entre sollozos, todos los cuidadores lo trataban de calmar y le decían "no llorés que sos grande para eso, por qué llorás?" "Demencia" no lo trataba bien, no lo tocaba y a pesar de cuidarlo no lo trataba bien... Entonces Miguel señalando al 201 5 dijo: "Yo no quiero que él se muera" y el 201 5 insultó por lo bajo y hacía los cuernos en señal de contrarrestar la maldición implícita. Me levanté y saqué una vainilla de la mesita del 201 1, él no las comía, no podía tragar, Miguel miró y automáticamente dejó de llorar y balbucear, me miró fijamente, atravesé toda la habitación en diagonal, todos se hicieron a un lado en silencio y Miguel estiró su brazo izquierdo tan flaco como sus piernas y cogió la vainilla como si fuese la última existencia sobre la tierra, se la llevó a la boca y enseguida la comió a grandes mordiscones. todos miraban hacia mi lado y luego a Miguel, el 201 5 quedó haciendo los cuernitos con ambas manos y ya no dijo mas nada sobre la maldición. Miguel se comía todo, absolutamente todo, tenía un hambre voraz y según decía "Demencia" no podía comer nada. ¿Cuál era la diferencia entre morirse flaco o morirse gordo? tal vez días más o días menos, yo pensaba que los seis esperaban mucho más de lo que allí se les daba o mucho menos de lo que allí se sufría. Las "yerberas" enseguida se irguieron como si una cuota de aire entrara por las pocas hojas de sus amputados tallos, hacía meses que esas flores estaban en la ventana detrás del mosquitero. "Demencia" dijo "esas flores jamás se secan?, hay que poner una aspirina en el agua", entonces todos miraron a las flores y el 201 5 dejó de hacer los cuernos. Yo volví a mi lugar y me dispuse a dormir un rato, tal vez pudiera... Cada uno de los cuidadores fue retomando su posición acostumbrada, los enfermeros juntaron sus cosas en una especie de tupper de plástico rojo y dispusieron a irse, uno pasó su mano por encima de mi cabeza y trató de apagar la luz errándole a la tecla como siempre ocurría y automáticamente puso en marcha el ventilador de techo, corrigió y la habitación quedó en penumbras. Miguel se incorporó lentamente, "Demencia" le dijo "no te muevas" pero Miguel la ignoró completamente y siguió hasta quedar sentado en la cama, me miró otra vez con sus ojos saltones como salidos de sus cuencas hundidas y me dijo "gracias señor". "Demencia" le dijo "vos estás loco, estás loco" y lo volvió a acomodar en la cama, Miguel empezó a gritar de nuevo "me duele el pito...me duele el pito", el dolor lo estaba consumiendo en vida. Apoyé la cabeza contra el lateral de un roperito, sonreí apenas y me quedé profundamente dormido.

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