sábado, 18 de febrero de 2012

Extraños en un tren - cuento - quinta entrega - gatoconbotas




Extraños en un tren
El ruido a hierro sonó como un chillido, las zapatas de acero se pegaron a las ruedas y el tren disminuyó sensiblemente su velocidad, inmediatamente nuestros cuerpos quisieron seguir el movimiento, las luces parpadearon y enseguida el coche volvió a su iluminación natural, la música aún seguía sonando cuando una voz femenina anunciaba sobre la próxima parada. La miré a los ojos y en ella aún persistía una cálida mirada.
_Vamos a tomar algo afuera.
Ella tomó sus cosas, yo supuse que le gustaría relajarse, y si el tiempo de parada lo permitía, dibujar fuera del tren. Empezaban a asomar ya las señales y a los lados pasaban muy cerca las paredes de algunas casas algo precarias, niños pequeños corrían jugando cerca de las vías, un hombre llevaba con bastante esfuerzo un carro lleno de cartones, más casas, huecos y luego terrenos parquizados con cesped algo crecido, sorteamos un puente de hierro, había varios similares paralelos y por debajo una avenida, me sorprendió ver algunos coches de la policía. Nos detuvimos finalmente. Las puertas pemanecían cerradas entonces el guarda pasó por todos los vagones informando que había ocurrido un accidente, que mantengamos la calma. Nos sentamos en clase única, y permanecimos juntos como si el beso hubiese sellado un pacto entre nosotros. Cuando vi ingresar al vagón por una de esas puertas guillotinas al periodista acompañado por dos uniformados sentí una señal de angustia, vinieron directamente a nosotros dos.
_Deberán acompañanos.
_¿qué significa esto?
_ha muerto una persona y necesitamos hacerles algunas preguntas.
_¿quién ha muerto?, ¿en el tren?
Ella permanecía callada y podía ahora ver en su rostro mucha preocupación.
_Ha muerto...y tomando una hoja de papel entre sus manos buscó con la mirada alejando un poco el papel de su vista.
_ha muerto el pasajero número 90.
Entonces por una de las ventanas vi como bajaban entre varios policías en una camilla forense el cuerpo de una persona en esa típica bolsa negra.
_mire en primer lugar usted es periodista y yo no tengo ni idea quien es el pasajero número 90.
_usted no pero ella si.
Había muerto el muchacho drogadicto. Bajamos al fin del tren, nos trasladaron hasta una oficina de la propia estación que una vez más era tan igual a todas las restantes, la puerta de madera estaba pintada de color verde inglés y tenía seis vidrios repartidos, en la pared un cartel de chapa color bronce rezaba "jefe de estación". Nos sentaron uno al lado del otro frente a un escritorio, del otro lado un señor robusto de bigotes amplios nos miraba con recelo.
_¿qué saben ustedes?
Antes que yo hablara ella dijo: _ no sabemos nada, él era mi vecino en los privados del coche cama, esta mañana se acercó a mi mesa en el desayuno, me saludó y me dijo que no soportaba que yo no lo amara y que se iría del tren.
_y por lo visto cumplió su palabra. /Todos rieron menos nosotros dos.
Era un muchacho joven, toda una vida por delante pero no supo admitir una pequeña derrota, ¿yo podría admitirla alguna vez?.
Nos dejaron ir, el tren aún estaba parado en el andén principal y mucha gente se había acercado para curiosear, otros pasajeros bajaron y brindaban detalles morbosos al periodista que aún estaba acompañado por los dos policías. Tuve miedo.

Hay redes en el cielo,

satélites, cámaras,

hay redes en el cielo

que nos vigilan,

ya no son simples ventanas.

Hay redes en el cielo

del progreso sin progreso

que no permiten

que llueva esperanza.

No quería tomarla de la mano, yo era una persona mucho mayor que ella, de hecho mis hijas eran algo mas grandes y supuse que muchos hablarían a nuestras espaldas.
_¿vamos a tomar una coca? El calor era insoportable, nos escabullimos habilmente y una vez comprada la gaseosa la abracé y la llevé hasta un puente de hierro que pasaba por sobre las vías, era de esos puentes típicos de hierro forjado trabajado a mano que servían para cruzar de andén y estaban siempre al final de la formación (o al principio dependiendo el andén), ahora si pude verla: la máquina era fenomenal, poderosa, jamás había visto una máquina de este tipo. Yo me había criado con un tío que era maquinista y siempre íbamos a despedirlo con mi madre y mi tía y algunas veces él me subía a la máquina y me enseñaba cosas, luego cuando murió encontré en un altillo los manuales de las máquinas diesel, pero ésta superaba todo lo que yo había visto y leído. mi tío siempre me decía "en los talleres de Perez se hacía la máquina completa hasta que los ingleses pidieron que les paguemos la patente y allí fue cuando finalmente se desguazaron esos talleres...ahh cuando pasaba "el tren obrero" repleto de operarios que iban a Perez a trabajar, esa era otra época."
Se invade la forma
con un poquito de arena
y todo cambia hacia la ilusión,
(de tenerte)
el envase la encierra,
ajusta el tiempo
y vuela la imaginación, 
el eco la transporta,
gira la botellita
y se va vaciando de sueños.
El cielo está límpido, 
el aire aún es aire
y los pájaros vuelan,
entre las ramas del inmenso paraíso 
te percibo
tu rostro suave,
sincero, 
tu mirada increíble,
la botellita
aún girando 
ya vacía de sed
y caricias
y me percato que me falta el beso,
limpio,
fresco, lento,
exacto o tardío, 
beso color caramelo
_Aquí traía a mis hijas cuando eran pequeñas.
_Yo no quiero casarme, ni tener hijos, no comprendo a la gente que se casa, ¿para qué lo hacen?
_Cuando uno desea estar con una persona y juntos llegar a viejos decide casarse.
_Es una tontería, el amor no es eterno.
_Hasta que la muerte los separe, solo si la muerte nos sorprende rápido...así decía Ale Dolina.
_Lo conozco, alguna vez lo he escuchado o leído no se bien...Sabes, mi novio me dejó.
_¿quien puede ser capaz de dejarte?
_El lo hizo pero es mi culpa, tal vez te decepcionaría conocerme.
_No lo creo.
_Tengo miedo, volvamos, quiero irme muy lejos.

Elegiste bien, un lugar alejado,
anónimo, solitario, autobiográfico…
de sombras alargadas y triangulares,
piedras apiladas, caras afiladas y escalones,
allí como aquí la gente no se mira
ni siquiera se habla,
sigilosamente se ríen de los forasteros
in_sonoras comen con pocos todos sus dientes
y el amarillo y el ocre se desprenden
suaves y tiernos desde sus bocas hasta sus dedos,
porque las no_miradas son tiernas
y las ropas de colores.
Indiferentes,
como arbustos móviles,
floridos y perdidamente infinitos
pidiendo historias
devolviéndote tu propio eco...
en las paredes, inocentes,
hay figuras que te abrazan
y hay palabras que te empujan
y otras que te arrastran
como un péndulo te mueves
entre los lugareños dueños
y encuentras las mil razones
del tiempo y del castigo
y del olvido,
casi los mismos agujeros y vuelves
y la sequía de lágrimas para curarte
consiste inconsistente en el viaje,
un colectivo que llega a la tierra
y arenas de los nadies,
al lugar donde todos estuvimos antes,
escondidos entre los conos,
a hurtadillas merodeándote,
detrás de mentes alargadas como esas sombras,
de narices triangulares como aquellas,
caras, otras caras, peores caras
muy a pesar de los odontólogos,
muy a pesar de los grises y cementos
y en el final de la carretera
nadie te mira, ¿a quién le importamos?
¿Quién sabe que hay debajo de cada carne?
Un hombre, un nombre,
amor carnal, sangre sin emociones, 
esqueleto 
y tu te fuiste y elegiste
por encima de todo eso
y te sentiste bien.

martes, 14 de febrero de 2012

Extraños en un tren - cuento - cuarta entrega - gatoconbotas







Extraños en un tren

Ciudades, dos ciudades,
monstruos carnívoros insaciables
de negros aires y amargos cementos,
la vida es frágil y muchas veces
se cierne solo en momentos.
[[[Niña déjame entrar a tu noche
seré hoy solo un efímero instante
un soplo tierno y suave, casi un beso.]]]
La realidad no es nunca amable
y la irrealidad se nos hace inalcanzable
¿Quién tiene la derecha?, ¿quién lo sabe?
Aquellos que miran en silencio a los amantes,
esos no viven ni sueñan, jamás supieron de eso.
[[[Tu carita de ángel, no, no despiertes
déjame desatar el lazo de tus cabellos,
quiero mirarte, tu sabes, no se tu nombre
ni lo que haces pero se que tanto te deseo]]]
¿Acaso sospechan que nada crecerá
porque el lienzo aún es blanco, solo tela y desvelo
y mis letras jamás serán ni pincel ni cuerpo?
¿Acaso piensan que somos millones de hilos
perdidos entre millones de tramas y telares?
[[[quiero hoy solo una palabra que te prolongue
y te acerque a mis ojos, quiero tocarte, abrazarte,
sentir que estás viva y que puedo llegar y encontrarte]]]


_ Aquí es más sencillo, afuera están las ciudades con sus edificios y sus grandes negocios, con sus calles y sus diagonales, toda esa gente que no mira a los ojos, todos idénticos, todos rutinariamente idénticos. Grises. ¿Cómo podría yo distinguirte?
_ Afuera está la soledad.
_ La soledad está afuera y adentro, va con nosotros, la llevamos de un lugar a otro.
_ No quiero estar sola.
_ Tal vez escapando de este maldito tren haya un futuro…
_ Tal vez cerca del mar.
_ Tal vez bajo la lluvia.
_ ¿Por qué llorabas?
_ Tú quisiste que llorara.
_ Sería lo último que podría yo querer.
_ No me importa morir pero me entristece tener que irme de aquí, aquí están todos tus recuerdos.
_ Mis recuerdos están en todas las paredes.
_ Tarde o temprano nos olvidaremos de todo y desapareceremos entre toda la gente, nos llevarán por delante, será el caos del día a día, será el caos de todos los días.
_ Aquí no hay ni más tarde ni mas temprano, el tiempo solo es uno, aquí no hay edades.
_ Aquí no llueve.
_ ¿Has visto caer la lluvia sobre los cristales?

Las luces se atenuaron aún un poco más y el vagón parecía hasta haber cambiado de color, pequeñas luces se encendieron desde la base de las paredes y todo se transformó en sombras alargadas, estábamos totalmente solos sin embargo pude sentir la presencia de una cierta cantidad de personas, comenzó a sonar “tiempo de decir adiós”, la tomé de la mano y la llevé hasta el “centro del salón”, éramos los primeros en salir a bailar cosa que tanto me había costado otras tantas veces, aquí no existía el pudor, solo la abracé suavemente con mi brazo derecho por su cintura y la mano izquierda unida a la suya casi a la altura de su hombro, su piel era tan suave como un pétalo y su rostro en la penumbra y su cabello largo, su mentón afilado, nos balanceábamos como si fuésemos un solo cuerpo, podía notar sus formas entonces la estreché un poco mas y nos unimos en el beso.

_ He visto caer la lluvia.


[[[Hoy, ayer, mañana…siempre,
la busqué hasta que se me cerraron los ojos:
soñé,
la vi, la tuve entre mis brazos,
nos dijimos tantas cosas,
balbuceamos,
nos temblaron los labios,
nos desfiguramos de cercanía,
de repente cada tiempo había perecido,
éramos uno y sin embargo éramos cada uno,
ella con sus cosas, yo con las mías,
fue fácil encontrarnos sin edades,
al fin y al cabo vivimos bajo las mismas soledades
condiciones tan soleadas y a su sombra.]]]

continuará



lunes, 13 de febrero de 2012

Extraños en un tren - cuento - tercera entrega - gatoconbotas


Extraños en un tren

La seguí, en el tablero las piezas ocupaban sus distintos lugares, la vida estaba en marcha: detrás el pasillo azul y los ojos azules, la nostalgia, por delante lo increíblemente insondable, el imposible, lo que viene.
Las puertas eran corredizas, se deslizaban como guillotinas transversales, pasé por uno y otro vagón, primero el de clase única donde estaban los asientos comunes y mucha gente hablaba en voz alta y señalaban cosas del paisaje, una hilera de eucaliptos enormes pasaban a toda velocidad y se percibía el aroma en el aire, y algunos chicos corrían por el pasillo, miré rápidamente y seguí adelante, una puerta guillotina luego el coche cama con sus compartimientos privados y luego otra puerta y otro vagón y otro, y ella que necesitaba que la busquen y como un juego tonto yo contaba nombres hasta cien y llegué, abrí la última puerta, el vagón lucía casi vacío, alfombrado de color bordó, todas las ventanillas con cortinas al tono y bordados color oro, anaqueles en madera de roble claro y apliques al estilo lámparas de kerosene en los laterales le daban una iluminación tenue y la música invitaba a la relajación. Al final, sobre un rincón, una pequeña mesa y dos sillas de estilo inglés. Ella estaba dibujando, me acerqué y le dije “pica”…ella sonrió sin entender que me refería al juego de las escondidas entonces vi que había llorado, tenía sus ojos apenas enrojecidos y en su mejílla aún resistía una pequeña gotita…

“A mi,
solo a mi,
sin ti,
no digo,
tu me llamas y tu me dices
y no dices nada,
jamás dices nada,
jamás,
y muero y pienso,
amo, pienso
y vuelvo a morir,
REMUERO/
y la búsqueda íntima pasa,
cambia y pasa,
se derrumban algunas paredes y pasa.
Las ideas se rebuscan y se refugian,
se retuercen en sus húmedas tumbas
con bóvedas gris_rosadas enumeradas,
silenciosamente  imaginadas,
prensadas, apiladas,
y tristes…”

La retuve con mi dedo índice: “padre/amigo/amante”
_No se que es lo que quiero
_Solo no te arrepientas
_La vida es trágica
_El universo no es amable
_La gente querida se enferma y se muere…
_Algunos también sanan

“Las galerías rotas, destrozadas, ya no son aquellas que yo conocía, el ruido se transformó en polvo y telarañas, los gritos adolescentes en revoques rotos de medias caídas y zapatos gastados y redondos, la soledad ahora se respira hacia los cuatro puntos cardinales. El sol entra fuerte por las ventanas del este y eso debería ser suficiente para aclararlo todo, es tibio para esta fecha del alma, a pesar de los cristales que ya no están y jamás serán rotos nuevamente, que increíble paso lo que una mosca tarda en morir así es la elipse del hombre frente al universo, una elipse cruel y siniestra que devora infancias y adolescencias y mata gente conocida.
Tú estabas allí, muy cerca, con tus ojos pardos, apretándome la mano para decirme que así sea, yo como aquel ángel que jamás hubiera deseado ser revoloteaba aquella atmósfera indolente de áridas fragancias, la calma era necia, abstracta, el pensamiento crecía por encima de los cuerpos ingrávidos, la cama llegó para quedarse luego vacía, a su lado los recuerdos se recostaban sobre una colcha a cuadros como calles que cruzaban todas las distancias imposibles de abrazar con el pequeño taxi amarillo y negro de chapa, el cuerpo entre los cuerpos, el cariño viejo y gastado, reconciliado, amarillo en el espejo del otoño que se escapaba. El espacio tiempo se acortaba, la vida solo era retenida por pequeños filamentos que oscilaban entre la edad avanzada y las volutas del cigarrillo consumido a una velocidad innecesaria.
El gris verdoso se vuelve ojos grandes, redondos, abiertos, el último grito mudo, el último cigarrillo y la última mirada hacia la cortadita de adoquines tan redondos como aquellos ojos de mano ya suelta, el tiempo va devorando la elipse con el último aliento, se nos está yendo…los edificios me miran imperturbables, algunos han evolucionado otros se quedaron en el paquete de galletitas manón de 4. La vida, la muerte, el amor…”

_Necesito que me encuentres…

(el dibujo reflejaba mi rostro)

continuará

Extraños en un tren - cuento - segunda entrega - gatoconbotas




Extraños en un tren
Ella extrajo un lápiz, era un lápiz plomo, yo mismo lo había utilizado alguna vez, no podía dejar de mirarla y como un impulso involuntario tomé una servilleta de papel y ella hizo el mismo movimiento entonces empezó a dibujar algo y solo imaginé acercándome con la servilleta hecha un jazmín y susurrarle algo como “eres tan bonita”… automáticamente me descalifiqué o mas bien me califiqué como un idiota, ella siguió dibujando, miraba por la ventanilla y dibujaba, solo campo, hacía ya varios kilómetros que solo se divisaba campo, vacas, algún caballo luego soja y mas soja y mas soja, era muy tranquilizador el paisaje aunque no siempre era así, el viaje era largo, la formación era larga, alguna vez tuve intención de recorrerla y llegar hasta la máquina, supuse que sería una muy potente máquina, algunas veces nos deteníamos para abastecernos y bajábamos por algunos minutos en las estaciones que parecían todas iguales, como calcadas, entonces los extranjeros aprovechaban para comprar recuerdos, pedacitos de pensamientos. Avancé para verla, conté más de veinte vagones y sin embargo no éramos tantos pasajeros – y sin embargo podíamos ser todos – entonces entraron al comedor ambas damas, yo las denominaba OR y JR, hacía mucho tiempo que utilizaba abreviaturas para nombrar a los pasajeros y números para significar fechas y emociones, tal vez era una forma de ordenar los archivos, o simplemente de sentir las cosas. OR era una persona mayor y muchas veces habíamos intercambiado opiniones, nos teníamos confianza, enseguida me saludo cortésmente, JR por el contrario me ignoró por completo, habíamos tenido una historia hacía algún tiempo pero lamentablemente sobre este tren nadie era lo que decía ser por lo tanto muchos pasajeros terminaban bajando en las estaciones más inverosímiles, por ejemplo bajar en Salta en pleno verano siendo española en pleno invierno, paradojas del destino.

“y van las letras cabalgando el destino
de los que soñamos y sufrimos desamparo,
de los que cantamos a los corazones helados.
Libre en la voz del viento vuela mi sentir escrito
como alondras de primaveras y veranos
y en la estación de los olvidos también se deshojan
silenciosos, de mi mano, llorando ángeles marchitos.”

No deseaba levantarme ni desocupar la mesa, ahora el salón se había colmado, había dos filas de mesas, cada una contra cada lateral del vagón y el pasillo al medio que era solo transitado por el mozo, ya no podía verla con la libertad que hubiese deseado, entonces estiré un poco el cuello para distinguirla entre algunas cabezas y noté que ella en cierto modo repetía mi movimiento, levanté mi mano derecha y ella hizo lo mismo, claro no era un espejo infinito, solo repetía mi saludo, me levanté y fui hasta ella no sin antes tropezar con el mozo lo que  hizo que ambos tuviésemos que colocarnos paralelos y yo dándole la espalda a la mesa justo donde estaba sentada OR y JR la cual aprovechó para tironearme de la remera, instintivamente giré y la saludé con un dejo de nostalgia y respeto, vi sus tremendos ojos azules y me pregunté ¿Quién es ella?. Finalmente y una vez librado del mozo llegué a destino.
_¿puedo sentarme?
_si, por supuesto.
Yo hablaba tratando de ser cortés y a la vez manteniendo la calma, estaba a escaso medio metro, a no más de 75 centímetros de sus ojos y de su boca y el deseo superaba cualquier barrera, era bellísima. Guardó su dibujo y me dijo “el tiempo no importa, lo que importa es la lluvia”, se levantó y musitando una leve disculpa se marchó hacia lo que llamábamos el vagón multimedia.

“y no tuve ya voz
ni colores ni viento”

Yo amaba la voz
esa que viene en el aire
que se respira
y que se escribe
tenue azul y naranja
por las tardes.
Entonces era tibia
y dulce la manzana
la melodía a mordiscones
se iba deshaciendo
pulpa y cáscara
satisfaciendo el momento
y un aroma de azahares
trasformaba el alma.
La hacía verano
muy a pesar
que el otoño amenazaba
a naturaleza muerta,
entonces miré en ocre
y la vi alejarse
como queriendo a otro
y las hojas empezaron a caerse
desde el primero
hasta el último verso...

continuará

sábado, 11 de febrero de 2012

Extraños en un tren - cuento - primera entrega - gatoconbotas




Extraños en un tren

El movimiento era continuo, hasta ya habitual, el balanceo, el sonido, el aroma a madera de las de antes, ¿roble o cedro?, yo no era un conocedor experto en maderas aunque por el aroma debería ser pinotea, ese olor característico a la resina eterna de la pinotea, muchas veces, cuando trabajaba en las obras, había encendido tiras de viejos pisos de demoliciones y se notaba entre las llamas el burbujear de la resina que brotaba de las maderas encendidas, ¿como podía una madera perdurar tantos años sin sufrir el menor deterioro? y ahora decoraba las paredes de los viejos vagones totalmente reciclados manteniendo la belleza original pero con todos los adelantos tecnológicos, puestos a rodar nuevamente sobre las viejas vías, si, el balanceo y el ruido eran los de antes, el característico tum tutum tum tutum era solo interrumpido o apenas distorsionado por el silbido leve de un aire acondicionado que mantenía la atmósfera interna en un fresco totalmente agradable. La cuerina verde de los asientos había sido reemplazada por pana importada de China del mismo color, los pasillos alfombrados de azul y las viejas ventanillas del tipo cuchillas por vidrios dobles templados con una delgadísima capa de un material plástico entre ambas que lo hacían irrompibles, los vidrios eran fijos y la vieja persianita americana era mantenida en su lugar pero con un agregado, un dispositivo similar a los levanta-vidrios de los coches modernos permitía subirla y bajarla a gusto, los coches cama eran esplendorosos y todos teníamos un compartimiento privado. A esta hora de la mañana se servía el desayuno y poco a poco se iba poblando el coche comedor, cada uno concurría vestido con ropa informal, sin embargo la chica mexicana lo hacía con un vestido negro algo ceñido a su cuerpo que le favorecía al dejar sus formas perfectamente perceptibles, era joven, muy joven y sus padres evidentemente habrían tenido que firmar un permiso para que ella pueda viajar en este tren o tal vez no, no podía descifrar su edad, parecía menor pero su boca seductora hablaba de una joven muy sensible, tímida y provocadora a la vez, no eran sus ojos, no, era su mirada la que traspasaba todo el vagón, ella estaba en un extremo y yo en el otro, ambos dominábamos el todo desde nuestras propias trincheras, luego entraron varias mujeres mas, todas extranjeras, todas muy bellas, y cada una fue ocupando su mesa, como en un juego de ajedrez, las piezas estaban cada una en su lugar, miré mi reloj y comprobé la exactitud del viejo reloj con aro de madera que adornaba el comedor, el segundero abarcaba mucho más que el radio y su movimiento dejaba un sonido leve pero contundente en el aire, supuse que todas respiraban a su ritmo, pero yo solo sentía el suyo y el mío en un sincronismo perfecto.

“Si yo te leyera más seguido
o si te hiciera el amor una vez cada tres días
seguramente podría desconocerte un poco menos
de lo que desconozco a muchos, a tantos y a ninguno.”

_Sr, Sr… su café, desea edulcorante o azúcar?
_Edulcorante, está bien gracias.

El mozo, era cordial y el servicio excelente, a veces dudaba que en Argentina se hubiera podido revertir tanta desidia, tanto abandono y haber logrado poner en marcha este tren digno de países mucho más desarrollados. Allí estaba, acababa de entrar a la sala “el periodista”, no era un viaje inaugural, más bien hacía meses y meses que se prestaba este servicio pero yo podía saber que esta persona de traje gris y peinado perfecto iba a defenestrar este viaje, todos sabíamos que había consorcios que no querían que se hagan estos viajes.

“Hay un sistema
que lo dirige todo.
Hay un sistema
que todo lo corrompe,
lo pervierte,
encarcela, esclaviza...

Es políticamente incorrecto
tener memoria
es políticamente incorrecto
soñar, imaginar…pensar
o simplemente enamorarse.”

Un joven, ese joven, vestía una remera blanca tipo polo y un pantalón arena y zapatos claros haciendo juego, yo lo juzgaba y lo prejuzgaba, lo imaginaba en alguna villa vendiendo droga y casi nunca me equivocaba con mis primeras impresiones, muy locuaz aterrizaba siempre cerca de la mexicana y se las arreglaba de alguna manera para sonsacarle una sonrisa para luego entablar alguna conversación fugaz que yo prolongaba y prolongaba en mi mente, debía alguna vez dejar mi ciudad y cruzar ese puente de alfombra azul hasta la de ella, de alguna forma llegar aunque sabía que era una transgresión terrible a la sociedad toda incluyendo la ferroviaria.

“Si estuvieras a la distancia breve
donde los ojos se nublan
bastarían solo círculos en tu piel
para que las murallas sucumban,
caerían tus paredes
hacia dentro y hacia fuera
descubriendo tus huesos vírgenes
bajo el sonar de las trompetas.”

continuará